Culto Domingo 12 de Octubre Iglesia JURV

“Laodicea, la necesidad de cambiar”

Este domingo el Señor nos habló con claridad y amor, confrontándonos con una palabra que viene directamente del corazón de Cristo a Su Iglesia: “Laodicea, la necesidad de cambiar.”

El mensaje comenzó llevando nuestra mirada a la iglesia de Laodicea, mencionada en Apocalipsis 3:14-22. Una iglesia que, aunque parecía completa, próspera y llena de recursos, había perdido lo más importante: su fervor espiritual y su dependencia de Dios.
Laodicea era una ciudad rica, famosa por su industria textil y sus medicinas. No le faltaba nada… y sin embargo, Jesús la reprende por su tibieza, porque su comodidad y autosuficiencia la habían alejado de la verdadera comunión con Él.

El pastor Leonardo Mora ilustró esta realidad con una imagen muy poderosa:

“Un pájaro no puede volar con una sola ala.”

Así también, la iglesia de hoy muchas veces ha desarrollado una gran ala de conocimiento, sabemos mucho de Biblia, doctrina y estructura, pero ha descuidado la otra ala: la vida espiritual, la comunión viva con el Espíritu Santo.
Y si solo tenemos una, no podemos elevarnos, no podemos avanzar. Dios desea que tengamos ambas alas en equilibrio: conocimiento y espiritualidad, verdad y fuego, palabra y presencia. Solo así podemos “emprender el vuelo” en la dirección del propósito divino.

El peligro de la tibieza y la autosuficiencia

Tal como Laodicea, la iglesia actual corre el riesgo de depender más de sí misma que de Dios.
Hoy vivimos tiempos donde el conocimiento abunda, donde la tecnología y los medios nos ayudan a crecer en organización, pero muchas veces el corazón se enfría.
El Señor nos advirtió sobre los falsos profetas que distorsionan la verdad, pero también sobre algo más sutil: el espíritu de autosuficiencia que nos hace decir, como Laodicea, “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:17).
Sin darnos cuenta, esa actitud nos convierte en una iglesia tibia, que ya no depende del fuego de Dios, sino de sus propios logros.

El Espíritu nos llevó a examinarnos con una pregunta profunda:

“¿Cuánto espacio le estoy dando a Dios para que gobierne mi vida?”

¿Le dejamos actuar, corregirnos, guiarnos? ¿O lo mantenemos fuera de las decisiones que tomamos cada día?
Cristo no busca una iglesia religiosa ni orgullosa, sino un pueblo que le entregue el control total del corazón.

El llamado del Señor: Apocalipsis 3:20

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Jesús no impone Su presencia. Él toca la puerta del corazón pacientemente, esperando que cada uno abra desde adentro.
Esta palabra nos recordó que no basta con asistir a la iglesia o tener apariencia de piedad: Dios quiere entrar en lo más profundo, quiere tener comunión verdadera, una relación diaria donde Él dirija nuestros pasos, sane nuestras heridas y transforme nuestra vida.
El Señor no busca una visita ocasional; desea habitar permanentemente en nosotros.

Mateo 26:40 – Despertar del sueño espiritual

“¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?”

Jesús habló estas palabras a sus discípulos en Getsemaní, cuando más necesitaba de ellos, pero los halló dormidos.
Esta escena fue una advertencia para nosotros: no dormir espiritualmente.
Muchos creyentes hoy viven adormecidos, sin discernir el tiempo en que estamos, sin orar, sin buscar el rostro de Dios.
El mensaje nos instó a velar y mantenernos despiertos, porque el Señor sigue buscando intercesores, hombres y mujeres que permanezcan en pie, sensibles a Su voz y dispuestos a obedecer.

Hechos 7:51 – No resistir al Espíritu Santo

“Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.”

Este pasaje fue usado para recordarnos que el Espíritu Santo quiere obrar en nosotros, pero muchas veces lo resistimos.
Resistimos cuando endurecemos el corazón, cuando ignoramos Su dirección o preferimos seguir nuestras emociones.
El Espíritu Santo no fuerza Su camino; Él convence, guía, inspira… pero espera corazones rendidos.
La iglesia necesita volver a dejarse gobernar por el Espíritu, para que Él sea quien renueve, corrija y transforme cada área de nuestra vida.

Conclusión: Una iglesia que el Espíritu gobierne

El llamado final fue claro y urgente: Dios nos está invitando a cambiar.
A dejar la tibieza, la comodidad y la autosuficiencia, y volver a una fe encendida, dependiente, apasionada.
Solo cuando el Espíritu Santo tiene el gobierno de nuestra vida, somos verdaderamente libres, fuertes y llenos de propósito.
El Señor está tocando a la puerta de Su iglesia… ¿La abriremos?

Que esta palabra no sea solo un mensaje más, sino una decisión:
Volver a la comunión, abrirle la puerta a Cristo, y permitir que Su Espíritu renueve cada área dormida.
Porque el cambio que Dios desea no comienza afuera, sino en el corazón de cada creyente que se humilla y dice: “Señor, gobierna mi vida.”

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