Culto Domingo 21 de Septiembre: Crece, preparate y aferrate a la fe.

Este domingo vivimos un hermoso tiempo de adoración y palabra en la presencia del Señor, junto a nuestro pastor Leonardo Mora, quien nos compartió un mensaje poderoso y desafiante sobre la importancia de crecer, prepararnos y aferrarnos a la fe.

La Biblia nos llama en primer lugar a crecer espiritualmente, dejando la inmadurez y avanzando hacia la plenitud en Cristo. Hebreos 10:37 nos recuerda que “aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”, lo que nos motiva a no quedarnos estancados, sino a madurar en el conocimiento y la gracia del Señor, como también enseña 2 Pedro 3:18: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Crecer en la fe significa fortalecer nuestras raíces en la Palabra para no ser movidos por cualquier viento de doctrina.

En segundo lugar, debemos prepararnos, pues el Señor nos advierte que su venida será repentina. Mateo 24:44 dice: “Estad preparados también vosotros; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”. Prepararse implica velar en oración, vivir en santidad y mantener nuestro corazón limpio delante de Dios. Tal como Jesús ilustró con las vírgenes prudentes en Mateo 25, debemos tener nuestras lámparas encendidas y nuestro aceite listo, porque no sabemos el día ni la hora.

Finalmente, estamos llamados a aferrarnos a la fe, aun en medio de las pruebas. Hebreos 10:34 nos recuerda que los primeros creyentes soportaron la pérdida de sus bienes con gozo, sabiendo que tenían para ellos “una mejor y perdurable herencia en los cielos”. Nuestra fe es el ancla firme que nos sostiene en la tormenta, como enseña Hebreos 11:1: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Aferrarnos a la fe significa no retroceder, porque como declara Hebreos 10:39: “nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”.

Fue un tiempo de profunda edificación y fortaleza espiritual en la presencia del Señor, donde fuimos recordados de que nuestra vida cristiana es un camino de crecimiento constante, preparación continua y fe inquebrantable en las promesas de Dios.

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